15.2.10

El día que Eva nació

Ella se miró al espejo aquel día y pensó en un nombre, un nombre cualquiera, un nombre como cualquier otro para representar el personaje, el personaje de mujer en un mundo de mujeres, de una mujer criada por otras, mujeres abandonadas por hombres, dolidas pero fuertes; mujeres al fin. Recordó el personaje de una novela, y decidió que se llamaría Eva, decidió que sería hermosa el resto de su vida como aquel personaje, se miró al espejo y juró que se recordaría así: recién nacida.
Eva nació en una tierra lejana con olor a flor de coco y jazmines, no recuerda el nombre, recuerda las caras y los olores; los mangos pudriéndose en las calles, los vecinos tomando tereré en las veredas, la tierra roja, el olor a pasto mojado, dónde fue ésto? - se pregunta. Ya casi no recuerda.
Su padre, un hombre grande, la iba a buscar cuando ella salía del jardín de infantes, la esperaba en la puerta, mientras ella cruzaba el gran patio corriendo a sus brazos. Él la envolvía en sus brazos y ella se sentía segura. Años después murió. Su abuelo había abandonado a su abuela. Su bisabuelo abandonó a sus hijos. Los hombres no tenían un buen historial en su vida.
Su madre la crió y le enseñó que el miedo era cosa de débiles, que las mujeres deben ser autosuficientes, que los hombres abandonan. Y cómo no le iba a creer? Hasta ese día, el día que Eva nació había conocido a Pedro. El día que conoció a Pedro, bajo sus barreras y maldijo a su madre, él no era así, no podía serlo, con esos ojos negros, con esos labios, él jamás la abandonaría; rezó a todos los santos porque Pedro no sea uno más del montón, porque él sea especial.
Y Pedro lo era, la amaba. Su madre estaba equivocada. Una mañana Pedro fue al trabajo, y nunca más volvió; porque, con lo que Eva no contaba era con las causalidades de la vida, y la muerte es una de ellas.
Ella recuerda ese día haberse mirado al espejo, después de mucho tiempo, y ya no se encontró, se había perdido por un hombre, y su padre, su madre, su abuela, su abuelo, su bisabuelo, de qué servía todo el árbol genealógico, si al final de cuentas ella era lo que quería ser: la primer mujer que se lo cuestionaba.

Eva no lloró en el funeral ni en toda su vida. Nunca lloraría por un hombre.

1 comentario:

  1. Una parte tuya murió ese dia también.. verdad? nunca más hablamos desde esa vez que te llame.. desee tanto poder estar contigo.. estar fisicamente presente ahi.. creo que tenemos que re-conocernos de nuevo.. ninguna de las dos es la misma de ayer.. "cambiaste mucho" me pregunto.. "tuviste que" -me contesto- a veces tenemos que volver a reinventarnos para seguir.. como el ave fenix.. (se que no vivi lo mismo que vos.. pero la vida me ha puesto pruebas bian dificiles también: lidiar con los propios demonios de uno no es tarea facil) solo lo sabre el dia que nos volvamos a encontrar.. con una taza de cafe u otra cosa.. y podamos hablar.. conversar como alguna vez lo hicimos.. tengo el recuerdo vago rondando por ahi...

    ResponderEliminar