28.2.10

Amorama...

"Pensé en matarme solo en teoría, yo a mi nunca me obedecería"
"Que pasa con el hombre, que pasa con el hombre que cada vez que lo amo vuelve a cuervo?"
"Tengo pelotas y es obvio, es que soy una mujer. No hace falta tener novio para estar bien" 
Erica Garcia 
 

27.2.10

Carta de amor

Te pienso, te imagino, te veo (no solo te miro), te repienso, me enamoro y te vuelvo a ver... Te hablo, bailamos, nos interrumpen, seguimos hablando...
Te acompaño, te espero, espero a que decidas cuando festejar tu cumpleaños (voy seguro), si antes o después; me llaman, "entendes?" me dicen... Salgo, voy a lo de otro (no sos la única que cumple años), llamo, viajo, llego... Te cruzo mientras cruzamos, aunque vos no me ves yo te veo (otra vez) y subo...
Y llegas, te saludo, nos hacemos desear un poco (después de todo la seducción también es un juego)... Y bailamos, nos reímos, me esquivas, te digo que si te seguís moviendo no te puedo besar... Te beso y te beso, nos mimamos, me enamoro mas, te siento cerca, siento tu piel... Pero me tengo que ir, "me das tu teléfono? Si" ...
Afuera llueve, no me importa (por eso viene pronto el colectivo), me siento feliz, muy feliz, mas que feliz, me sonrío solo... me doy cuenta de que el resto de mi vida acaba de comenzar, de que me quiero ir a la "la isla" (la nuestra, la única) ... nos vemos ahí.


El Rubio que Baila.

Postal del pasado..

"Cuando te vi en aquella fiesta supe que nuestro encuentro no era algo liviano. Tenia peso. Tontamente nos esforzábamos por decir algo interesante, hasta que descubrimos que el silencio era algo agradable.
 El miércoles siguiente fuimos a ver una película, y en la ciudad pasaron varios meses, casi un año, mientras estábamos en el cine. Esta luna que hoy nos mira nos recuerda aquella fiesta y nos alivia diciendo que estará tanto en tu camino como en el mío. Ambos sabemos que nos esperan muchas cosas por encontrar, así que la despedida si sera liviana.
Nos encontraremos algún domingo bajo un árbol y comeremos torta. Por lo pronto, te invito a pasar la noche en mi colchón y a que desayunemos juntos mañana a las cuatro de la tarde, antes del abrazo".
Diego Rojas         

Ella dijo

"Paso por tantas mujeres que el corazón se le olvido en alguna cama"

25.2.10

Juegos que la gente juega

Nunca supe lo peligroso que son los juegos hasta un día en particular en que desperté una mañana y vi algo distinto en sus ojos. Ahí note que particularmente a nosotras nos encantan los juegos, cuanto mas comprometido y enamorado esta el otro vamos por el, pareciera nuestro desafío, pareciera que eso seria nuestra solución: alguien a quien podamos hacer nuestro. 
Lo que no sabemos es lo que se siente en el instante mismo en que ves toda tu relación peligrar por probablemente nada: el amor se convierte en odio, el odio en bronca y luego viene la nada total.
Cuando encontré mi casa llena de fantasmas me di cuenta que no era yo la que había dejado la puerta abierta, era el. Y si es el otro el que pone las fichas en el tablero a veces es necesario correrse para no salir lastimado. Pero yo también quería jugar, mi papel seria el de psicótica obsesiva que lo sigue a todas partes para ver que no la engañen, una persona que ha perdido lo ultimo que le quedaba de dignidad... por lo menos ese seria mi papel.
Y la tercer ficha en cuestión seria para la ex novia, aquella que lo tuvo pero que no funciono, que insiste en no dejarlo ir no porque desee una relación con el, no porque le importe, solo porque la mejor venganza seria demostrar que el es y siempre será débil a la carne.
Todos jugaron sus fichas y al final la única que quería obtener algo real era yo. La única que tenia un motivo para luchar, una relación que salvar.... pero ya lo dijo Cortazar: "un puente no se construye de un solo lado".
Recordé que el amor no es posesión, no se trata de tener a alguien, se trata de dejarlo ir, y si tenia que ser yo la que lo deje ir lo haría solo para saber que cuando regrese lo haría por mi.
Y recuerdo aquel día, el sonido de mi corazón, pensé en todas las historias y que esta seria una mas entre miles, tome lo que me quedaba de el y deje de apostar. 
Estaba demasiado grande para los juegos, esta vez quería algo real.

24.2.10

Recuerda, cuerpo...

Recuerda, cuerpo, no sólo cuánto se te amó,
no solo los lechos donde estuviste echado,
más también aquellos deseos que, por ti,
en miradas brillaron claramente
y en la voz se estremecieron –y que un
obstáculo fortuito los frustró.
Ahora que todo se halla en el pasado,
parece casi que a los deseos
aquellos te hubieras entregado –cómo brillaban,
recuerda, en los ojos que te miraban;
cómo en la voz por ti se estremecían,
recuerda, cuerpo.
K. Kavafis 

Hermosa casualidad

Era la misma fiesta, éramos nosotros dos en año nuevo. Como en las películas. Yo tenia un vestido negro a lunares blancos y unas antenitas de cotillón, recuerdo haberlo visto cuando entro, había algo en sus ojos que me atrapo. Y ese encantamiento se sostuvo toda la noche. Será el?- me pregunte.
Bailamos, nos interrumpieron, seguimos bailando. Nada pesado, nada liviano. La medida justa.
Me pregunto si era de este planeta por las antenas que llevaba puestas, le dije que no. Me hizo reír toda la noche, porque había algo en el que era natural en mi, era como si lo conociese de hacia mil vidas atrás.
Era eso el amor? Se sentía de esa manera?...
Hermosa casualidad, era el primo del mejor amigo de mi hermana, era la fiesta que hicimos con mis amigas en año nuevo, era yo sola, era el solo, era amor.
Llego la hora de irme, en ningún momento EL atino a besarme, y yo tampoco lo hice: era simplemente perfecto. Al despedirme lo invite a mi fiesta de cumpleaños que seria la próxima semana, no alcance a darle mi teléfono cuando llego el colectivo y  me dijo que me encontraría.
Y así lo hizo.
Era el que venia de otro planeta.

21.2.10

Como dijo Charly...

"Pero si nos quisiéramos un poco mas, no jugaríamos tanto"

19.2.10

Espantapajaros

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible

- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?

¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?

¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando

Oliverio Girondo

Un poco mas de Kundera...

"No es la necesidad, sino la casualidad, la que está llena de encantos. Si el amor debe ser inolvidable, las casualidades deben volar hacia él desde el primer momento, como los pájaros hacia los hombros de San Francisco de Asís".

Fantasmas

Luisa siempre tuvo miedo a la oscuridad y a los fantasmas. Pero aquella noche su casa estaba llena de fantasmas, pero no de los que ella conocía, de los que acechan de una vida pasada o infelices que reclaman vida eterna: no, era los que dormían con ella y Carlos. 
Cada vez que se acostaba, Luisa veía a todas las mujeres de la vida pasada de Carlos dormir a su lado. Jóvenes, niñas, lindas, feas. Nunca supo bien como ocurrió todo, una noche entro una, al día siguiente otra, y así terminaron siendo seis. En la cama ya no había lugar, pero no importaba porque algunas dormían de pie, con los ojos abiertos mirando perdidamente a Carlos, acechando por su alma, reclamando su amor. 
Lo extraño era que nada en la vida de Luisa se había modificado, parecía tener la relación perfecta y sin embargo no podía sacarse los fantasmas de encima. Hasta que una noche, harta de no poder conciliar el sueño, grito, despertando a Carlos : Que es lo que quieren ? que buscan? lo quieren a el? - Mientras que el suponía que ella estaba teniendo una pesadilla o quizás estaba sonámbula, la abrazaba, pero Luisa seguía gritando con los ojos llenos de lagrimas, hasta que una de ellas, la mas joven de todas respondió: Te queremos a vos, y a la vida que Carlos nos robo.
Dicho esto, Luisa cerro los ojos y al abrirlos se encontró parada al borde de la cama observando a todos los fantasmas al lado de su hombre, fantasmas que habían cobrado vida desde el momento que ella, aquella ahora lejana noche había dejado la puerta abierta.
Ya no tenia miedo, ahora era una de ellas.

Fragmento de La Insoportable Levedad

"Tomas se decía: Hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no solo distintas sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres) sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer".
                                             Milan Kundera

15.2.10

El día que Eva nació

Ella se miró al espejo aquel día y pensó en un nombre, un nombre cualquiera, un nombre como cualquier otro para representar el personaje, el personaje de mujer en un mundo de mujeres, de una mujer criada por otras, mujeres abandonadas por hombres, dolidas pero fuertes; mujeres al fin. Recordó el personaje de una novela, y decidió que se llamaría Eva, decidió que sería hermosa el resto de su vida como aquel personaje, se miró al espejo y juró que se recordaría así: recién nacida.
Eva nació en una tierra lejana con olor a flor de coco y jazmines, no recuerda el nombre, recuerda las caras y los olores; los mangos pudriéndose en las calles, los vecinos tomando tereré en las veredas, la tierra roja, el olor a pasto mojado, dónde fue ésto? - se pregunta. Ya casi no recuerda.
Su padre, un hombre grande, la iba a buscar cuando ella salía del jardín de infantes, la esperaba en la puerta, mientras ella cruzaba el gran patio corriendo a sus brazos. Él la envolvía en sus brazos y ella se sentía segura. Años después murió. Su abuelo había abandonado a su abuela. Su bisabuelo abandonó a sus hijos. Los hombres no tenían un buen historial en su vida.
Su madre la crió y le enseñó que el miedo era cosa de débiles, que las mujeres deben ser autosuficientes, que los hombres abandonan. Y cómo no le iba a creer? Hasta ese día, el día que Eva nació había conocido a Pedro. El día que conoció a Pedro, bajo sus barreras y maldijo a su madre, él no era así, no podía serlo, con esos ojos negros, con esos labios, él jamás la abandonaría; rezó a todos los santos porque Pedro no sea uno más del montón, porque él sea especial.
Y Pedro lo era, la amaba. Su madre estaba equivocada. Una mañana Pedro fue al trabajo, y nunca más volvió; porque, con lo que Eva no contaba era con las causalidades de la vida, y la muerte es una de ellas.
Ella recuerda ese día haberse mirado al espejo, después de mucho tiempo, y ya no se encontró, se había perdido por un hombre, y su padre, su madre, su abuela, su abuelo, su bisabuelo, de qué servía todo el árbol genealógico, si al final de cuentas ella era lo que quería ser: la primer mujer que se lo cuestionaba.

Eva no lloró en el funeral ni en toda su vida. Nunca lloraría por un hombre.